Lágrima de Cristal
Noche, lluvia… sonidos procedentes de todas partes como secretos al oído, secretos que solo yo debo conocer, secretos que hacen de mi imaginación un mundo, en el que habitan la música y la poesía en amalgama orgásmica, armónica y deseable.
Te escurres en mis pensamientos sin pedirme permiso, sin importarte que son míos, te adueñas de ellos, estas ahí, complacida de ser la protagonista de ellos cada instante del día, la noche… en fin no sé, ya no hay tiempo, ni espacio, ni existencia.
Me hipnotizas con tus luceros como jades resplandecientes, llenos de una esencia imposible de resistir. Ya no soy yo, ahora soy lo que me haces ser. Me atrapas, me tienes entre tus brazos, me envuelves en una dulce caricia, mística, desconocida para el resto de la historia, solo hecha para este momento. Nos envolvemos en una sensación única e indescriptible, ahora tomo las riendas del presente para ser el más hermoso pasado en tu futuro, te hago explorar cada instante de ti haciéndote sentir finas cosquillas debajo de la piel, corriendo como ríos por tu sangre.
Mis dedos te descubren, te exploran, te acarician tiernamente sacando de ti una sonrisa inocente, diferente, sonrisa que deseas retener por siempre, pues sabes que nació de ti, en ese instante en que las estrellas hacen figuras a nuestro favor, complaciéndose de que te observan disfrutar de ti, de mí, de nosotros. Nuestro sudor comienza a mezclarse expidiendo una fragancia nueva, el aroma del placer, del deseo, de la pasión contenida en nuestras moléculas, ahora siendo liberadas. Me haces ir más lejos en mi imaginación, en mis íntimos pensamientos, al escuchar la tierna melodía de tus gemidos, convirtiéndose en sinfonía cósmica. Gemidos a contratiempo acentuando cada compás de nuestros actos, me acerco a ti, me susurras al oído que no me detenga, me aprietas, somos uno.
Tu cuerpo hace formas, se retuerce al sentir los placeres de las más intensas caricias, dibujo tu rostro con mis manos para nunca olvidarlo, que se quede grabado en mi memoria, desciendo lentamente por tu cuello hasta encontrarme jugando con tus senos, pequeños, justos, delicados; sacan una lágrima de mí al verlos indefensos, sentirlos tiernos y suaves, dulces. Es tu cuerpo una tierra prohibida, desconocida, deseable. Las caricias se convierten en apasionados besos, me aventuro a recorrer cada centímetro de ti con mis labios, mi lengua se deleita con los sabores de tu piel, de cada rincón de ti, siento que voy a morir, envenenado de tu fuego.
Ya no hay más espacio entre nuestros cuerpos, nos quema el furor de nuestros sexos meciéndose al ritmo de los tambores de nuestro corazón, cada vez más acelerado, cada vez más intenso. Caricias, besos, gemidos, gritos desesperados deseando que aquel momento nunca termine.
Silencio… un suspiro se adueña del espacio, dando por terminado el baile de los astros, la ceremonia de amor desenfrenado entre dos seres para el resto inexistentes. Vuelves a ti, deseas quedarte pero debes alejarte a tu reino. Me dejas una lágrima de cristal, esperando que en cualquier momento vuelvas a mí, a rescatarla.
Te escurres en mis pensamientos sin pedirme permiso, sin importarte que son míos, te adueñas de ellos, estas ahí, complacida de ser la protagonista de ellos cada instante del día, la noche… en fin no sé, ya no hay tiempo, ni espacio, ni existencia.
Me hipnotizas con tus luceros como jades resplandecientes, llenos de una esencia imposible de resistir. Ya no soy yo, ahora soy lo que me haces ser. Me atrapas, me tienes entre tus brazos, me envuelves en una dulce caricia, mística, desconocida para el resto de la historia, solo hecha para este momento. Nos envolvemos en una sensación única e indescriptible, ahora tomo las riendas del presente para ser el más hermoso pasado en tu futuro, te hago explorar cada instante de ti haciéndote sentir finas cosquillas debajo de la piel, corriendo como ríos por tu sangre.
Mis dedos te descubren, te exploran, te acarician tiernamente sacando de ti una sonrisa inocente, diferente, sonrisa que deseas retener por siempre, pues sabes que nació de ti, en ese instante en que las estrellas hacen figuras a nuestro favor, complaciéndose de que te observan disfrutar de ti, de mí, de nosotros. Nuestro sudor comienza a mezclarse expidiendo una fragancia nueva, el aroma del placer, del deseo, de la pasión contenida en nuestras moléculas, ahora siendo liberadas. Me haces ir más lejos en mi imaginación, en mis íntimos pensamientos, al escuchar la tierna melodía de tus gemidos, convirtiéndose en sinfonía cósmica. Gemidos a contratiempo acentuando cada compás de nuestros actos, me acerco a ti, me susurras al oído que no me detenga, me aprietas, somos uno.
Tu cuerpo hace formas, se retuerce al sentir los placeres de las más intensas caricias, dibujo tu rostro con mis manos para nunca olvidarlo, que se quede grabado en mi memoria, desciendo lentamente por tu cuello hasta encontrarme jugando con tus senos, pequeños, justos, delicados; sacan una lágrima de mí al verlos indefensos, sentirlos tiernos y suaves, dulces. Es tu cuerpo una tierra prohibida, desconocida, deseable. Las caricias se convierten en apasionados besos, me aventuro a recorrer cada centímetro de ti con mis labios, mi lengua se deleita con los sabores de tu piel, de cada rincón de ti, siento que voy a morir, envenenado de tu fuego.
Ya no hay más espacio entre nuestros cuerpos, nos quema el furor de nuestros sexos meciéndose al ritmo de los tambores de nuestro corazón, cada vez más acelerado, cada vez más intenso. Caricias, besos, gemidos, gritos desesperados deseando que aquel momento nunca termine.
Silencio… un suspiro se adueña del espacio, dando por terminado el baile de los astros, la ceremonia de amor desenfrenado entre dos seres para el resto inexistentes. Vuelves a ti, deseas quedarte pero debes alejarte a tu reino. Me dejas una lágrima de cristal, esperando que en cualquier momento vuelvas a mí, a rescatarla.
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