Ella para mí
Ella para mí
Si alguna vez la luna ha hablado lo ha hecho para mí, a través de ella, a través de sus ojos, tiernos, bellos, llenos de luz para mi oscuridad. Es esa mirada que me regala que me cautiva, hipnotizándome cada vez, y cuanto más intento hacerme el fuerte más débil soy frente a sus encantos, más cautivado me siento.
Sé que palabras suficientes no existen para expresar lo que siente un corazón en lo más profundo de sus cuevas internas, de sus pasadizos engañosos, tenues, llenos de vida, de sentimientos. Pero a pesar de todo me robaré unas letras de las que se han inventado y las uniré a mi acomodo, para que formen palabras y a la vez frases que intenten expresar lo que siente mi corazón por ella.
Desearía poder tenerla cerca, en un sitio apartado de todo, donde solo se respire la calma y la naturaleza, y así poder decir y no escribir, tocar su piel y no solo desear, besar sus labios y no anhelar poder hacerlo, acariciar su piel y sus sentidos sin temor. Siento calma, tranquilidad, alegría cuando está a mi lado, disfruto de cada segundo que me robo de ella, de su espacio y su mundo, quizás totalmente prohibida para mí pero me adueño de ella en mis pensamientos y recuerdos.
Desearía poder tenerla para mí, y solo para mí, desearía compartir nuestras alegrías y tristezas juntos, tomados de las manos, con valentía hacia lo que venga.
Siento de su aliento un susurro que se escapa como deseando que en algún momento desate una caricia sobre sus labios cual dulce melodía, en progresiones que armonicen nuestros deseos y los lleven a la más sublime y apasionada sinfonía, jamás compuesta por dos seres. Es su cuerpo deseando el mío. Es mi cuerpo deseando el de ella, cada vez más intenso, cada vez más dulce, cada vez más ella, cada vez más yo, deseando ser solo uno.
Destellos de su sonrisa iluminan mi habitación a oscuras impidiéndome robar de sus manos el tacto y poder sentir su piel entre mis dedos a lo escondido, pulsando notas sobre toda su imagen, regalando caricias que hagan erizar sus cabellos y borboteen cosquillas por debajo de sus poros.
Es un deseo incontenible de tenerla cerca, de abrazarla, de poder besar sus mejillas y verla sonreír de agrado; es un deseo intenso de verla llegar corriendo a mis brazos, y caminar desde ahí a la felicidad. Si no tuviera temor de tantas cosas haría muchas otras. Desearía no temer besarla, desearía no temer decirle que la deseo para mí, desearía no temer estrecharla en mis brazos, desearía sonreír al despertar porque la tengo a mi lado. Quisiera no tener temor a mirarla a los ojos y decirle infinitas cosas, reservadas solo para aquellos que se aman. Quisiera no temer llevarla conmigo a mis aposentos y detenerme a su lado y observarla dormir, plácida, segura, tranquila a mi costado, respirando al aire que escapa de ella, su aroma, su ternura.
Es como si ambos deseáramos lo mismo, pero hay tanto temor a lo incierto, es un temor frenético a solo dos letras, que compuestas destruyen fortalezas a la vez que cubren colonias completas.
Si no tuviera miedo... muchas cosas haría.
Si alguna vez la luna ha hablado lo ha hecho para mí, a través de ella, a través de sus ojos, tiernos, bellos, llenos de luz para mi oscuridad. Es esa mirada que me regala que me cautiva, hipnotizándome cada vez, y cuanto más intento hacerme el fuerte más débil soy frente a sus encantos, más cautivado me siento.
Sé que palabras suficientes no existen para expresar lo que siente un corazón en lo más profundo de sus cuevas internas, de sus pasadizos engañosos, tenues, llenos de vida, de sentimientos. Pero a pesar de todo me robaré unas letras de las que se han inventado y las uniré a mi acomodo, para que formen palabras y a la vez frases que intenten expresar lo que siente mi corazón por ella.
Desearía poder tenerla cerca, en un sitio apartado de todo, donde solo se respire la calma y la naturaleza, y así poder decir y no escribir, tocar su piel y no solo desear, besar sus labios y no anhelar poder hacerlo, acariciar su piel y sus sentidos sin temor. Siento calma, tranquilidad, alegría cuando está a mi lado, disfruto de cada segundo que me robo de ella, de su espacio y su mundo, quizás totalmente prohibida para mí pero me adueño de ella en mis pensamientos y recuerdos.
Desearía poder tenerla para mí, y solo para mí, desearía compartir nuestras alegrías y tristezas juntos, tomados de las manos, con valentía hacia lo que venga.
Siento de su aliento un susurro que se escapa como deseando que en algún momento desate una caricia sobre sus labios cual dulce melodía, en progresiones que armonicen nuestros deseos y los lleven a la más sublime y apasionada sinfonía, jamás compuesta por dos seres. Es su cuerpo deseando el mío. Es mi cuerpo deseando el de ella, cada vez más intenso, cada vez más dulce, cada vez más ella, cada vez más yo, deseando ser solo uno.
Destellos de su sonrisa iluminan mi habitación a oscuras impidiéndome robar de sus manos el tacto y poder sentir su piel entre mis dedos a lo escondido, pulsando notas sobre toda su imagen, regalando caricias que hagan erizar sus cabellos y borboteen cosquillas por debajo de sus poros.
Es un deseo incontenible de tenerla cerca, de abrazarla, de poder besar sus mejillas y verla sonreír de agrado; es un deseo intenso de verla llegar corriendo a mis brazos, y caminar desde ahí a la felicidad. Si no tuviera temor de tantas cosas haría muchas otras. Desearía no temer besarla, desearía no temer decirle que la deseo para mí, desearía no temer estrecharla en mis brazos, desearía sonreír al despertar porque la tengo a mi lado. Quisiera no tener temor a mirarla a los ojos y decirle infinitas cosas, reservadas solo para aquellos que se aman. Quisiera no temer llevarla conmigo a mis aposentos y detenerme a su lado y observarla dormir, plácida, segura, tranquila a mi costado, respirando al aire que escapa de ella, su aroma, su ternura.
Es como si ambos deseáramos lo mismo, pero hay tanto temor a lo incierto, es un temor frenético a solo dos letras, que compuestas destruyen fortalezas a la vez que cubren colonias completas.
Si no tuviera miedo... muchas cosas haría.
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