De vuelta al camino
Es de noche, nuevamente, el silencio me susurra al oído que no estás, burlándose de mí a su antojo, proyectando frente a mí cada instante de los intensos momentos bajo tu mirada, sacando lágrimas de lo más profundo de mi ser, lágrimas que he decidido esconder en un baúl olvidado y polvoriento, buscando que cesen algún día, y ya no tenga que ocultar más.
A veces solo quisiera entender por qué lloro, por qué me abraza esa tristeza estúpida y no cede a dejarme ir, haciendo largos los minutos que viven los recuerdos de esa fantasía que nunca existió fuera de mi imaginación. Es mi forma que se doblega ante la incontenible necesidad de hacer bien, de poder visualizar sonrisas en quienes se acercan, para luego verles alejarse sin más, sin siquiera recordar lo que les hiso sonreír. Ganas no me faltan para detener esa historia, sin embargo la lucha es ardua a medida que dan vueltas las agujas del reloj.
Todo el brillo terminó con esa peste que llegó a tus tierras, una cadencia de notas disonantes y acordes estridentes que no hacían más que sucumbir la paz que prevalecía bajo el puente de primavera que unía nuestros horizontes; una plaga infernal que besó todo hasta llenar de puntos tus paisajes, borrando las huellas que dejé para que me siguieras, para que encontraras mi espacio. Estabas perdida, sin poder recordar las señales que te llevan a mis puertas, señales que has decidido olvidar, para retornar a tu trono en el calabozo, en tu torre alta, donde podrás visualizar otra víctima a quien robar el espíritu.
Fue a partir de ese punto cuando mis fuerzas comenzaron a menguar, al ver que subías murallas, cada vez de mayor altura, cara vez más difíciles de subir. A pesar de edificar tantos obstáculos llamabas a mi nombre, me hacías esforzarme cada vez más, viendo cada día mis heridas más profundas, sangrantes, tan dolorosas que sentía que perdía el conocimiento, sin embargo seguía en pie tras de ti. Pienso que te burlabas sutilmente, pues me acercaba dos pasos y te alejabas tres, seguías llamándome. ¿Era todo chispas de hadas o fue solo un buen camuflaje de negra magia?
El tiempo me hará más fuerte, menos vulnerable a estos tontos hechizos, menos sensible ante la oscura magia que rodea esos engañosos reinos y caminos mentirosos. Maldita sea la senda que me llevó a ti, no eres más que una falsa realidad de los seres que se creen hadas y duendes. Cuentos de fantasía que nunca pasan de ser solo eso, nunca llegan a convertirse en realidad, porque sus protagonistas nunca llegarán a salir de ahí, nunca llegarán a ser reales.
No más lágrimas, no más dolor; tengo de escudo un corazón endurecido, para librarme de los dardos que me alcanzaban. Ahora tomo mi camino, de vuelta a lo que era antes, de vuelta a la realidad.
A veces solo quisiera entender por qué lloro, por qué me abraza esa tristeza estúpida y no cede a dejarme ir, haciendo largos los minutos que viven los recuerdos de esa fantasía que nunca existió fuera de mi imaginación. Es mi forma que se doblega ante la incontenible necesidad de hacer bien, de poder visualizar sonrisas en quienes se acercan, para luego verles alejarse sin más, sin siquiera recordar lo que les hiso sonreír. Ganas no me faltan para detener esa historia, sin embargo la lucha es ardua a medida que dan vueltas las agujas del reloj.
Todo el brillo terminó con esa peste que llegó a tus tierras, una cadencia de notas disonantes y acordes estridentes que no hacían más que sucumbir la paz que prevalecía bajo el puente de primavera que unía nuestros horizontes; una plaga infernal que besó todo hasta llenar de puntos tus paisajes, borrando las huellas que dejé para que me siguieras, para que encontraras mi espacio. Estabas perdida, sin poder recordar las señales que te llevan a mis puertas, señales que has decidido olvidar, para retornar a tu trono en el calabozo, en tu torre alta, donde podrás visualizar otra víctima a quien robar el espíritu.
Fue a partir de ese punto cuando mis fuerzas comenzaron a menguar, al ver que subías murallas, cada vez de mayor altura, cara vez más difíciles de subir. A pesar de edificar tantos obstáculos llamabas a mi nombre, me hacías esforzarme cada vez más, viendo cada día mis heridas más profundas, sangrantes, tan dolorosas que sentía que perdía el conocimiento, sin embargo seguía en pie tras de ti. Pienso que te burlabas sutilmente, pues me acercaba dos pasos y te alejabas tres, seguías llamándome. ¿Era todo chispas de hadas o fue solo un buen camuflaje de negra magia?
El tiempo me hará más fuerte, menos vulnerable a estos tontos hechizos, menos sensible ante la oscura magia que rodea esos engañosos reinos y caminos mentirosos. Maldita sea la senda que me llevó a ti, no eres más que una falsa realidad de los seres que se creen hadas y duendes. Cuentos de fantasía que nunca pasan de ser solo eso, nunca llegan a convertirse en realidad, porque sus protagonistas nunca llegarán a salir de ahí, nunca llegarán a ser reales.
No más lágrimas, no más dolor; tengo de escudo un corazón endurecido, para librarme de los dardos que me alcanzaban. Ahora tomo mi camino, de vuelta a lo que era antes, de vuelta a la realidad.
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